La bombonera roja de Boca Paila
Bajo un isotipo de huevo Fabergé en neón rojo, la fachada de arcos de hormigón se abre entre palmeras de la zona hotelera. Filipao Nunes Arquitectos transformó en 2021 una casona de selva en un club cerrado de 673 m²: el primero de Tulum pensado como discoteca y no como beach club. El nombre evoca la cajita de bombones, un objeto pequeño y de lujo plantado en la carretera Tulum–Boca Paila, vecino de Bagatelle y Vagalume, con cenotes y vegetación a un paso.
Hormigón, chukum y cielo retráctil
El interior apuesta por el dirty chic: columnas de madera, muros de chukum, celosías, terciopelo granate, tiras de tela roja y suelos de hormigón pulido, con un acento griego heredado del club hermano de Mykonos. La planta se reparte en terraza, restaurante speakeasy, zona VIP y pista principal de traza elíptica, concebida como un sistema solar en el que las mesas orbitan el centro. Un techo retráctil deja entrar el cielo caribeño. El proyecto, premiado en 2022 en los Global Design & Architecture Awards, priorizó un impacto ambiental contenido. DJ Mag lo colocó en el Top 100 Clubs 2025 y destacó un Funktion-One afinado para un aforo de 800 personas.
House, techno y la última pista de la noche
Cuando playas y selva cierran hacia la una, el recinto sostiene el afterhours hasta primera hora. La programación se mueve entre house y techno, con visitas de Maceo Plex, Jamie Jones, Claptone, Joseph Capriati, Michael Bibi, Kölsch o Carlita. Mesas, botella y mezzanine conviven con una pista densa: menos arena, más cabina. La vestimenta es elegante y deja fuera bañador, gorras y sandalias. En noches llenas conviene llegar pronto: el aforo es íntimo para el circuito internacional que programa.
Seguir la luz roja
Sigue activo como local físico de la costa, con noches habituales de jueves a domingo desde las 22:00, valet y reserva previa. En un destino de puestas de sol y cenotes mantiene una cultura de club europea —techo, sonido de gran formato y puerta selectiva— sin salir de la selva de Quintana Roo.