Bajo los pilares del puente de Vakhushti Bagrationi, el hormigón se cierra sobre una pista que tomó su nombre de la palabra georgiana para puente. KHIDI no nació como un local de escaparate: se incrustó en el estribo de la orilla derecha, a ras del río Kura, y desde 2016 sostiene en Tiflis una vida de club de alcance internacional.
El puente como arquitectura
El recinto es un búnker de hormigón encajado bajo la calzada. El tráfico cruza por encima mientras abajo se concentra una pista oscura, industrial y deliberadamente cruda. Ese contraste —la ciudad encima, la rave debajo— es el gesto fundacional del espacio. Lo impulsa Tamar Axander, cofundadora y figura visible también como 00rt, en un circuito tiflisí donde varias salas clave han sido dirigidas por mujeres. A diferencia de buena parte de la escena local, el club es propietario de su edificio, y esa autonomía ha sido decisiva para resistir presiones de alquiler y seguir abierto.
Dos pistas, un mismo hormigón
La noche se articula en dos salas. En la principal, KHIDI, el peso cae sobre el techno industrial, el EBM y el electrónico de corte duro: Regal, Ancient Methods, Phase Fatale, Pablo Bozzi, Oscar Mulero o Luke Slater han marcado el pulso. En G2, más contenida, conviven invitados internacionales con DJs georgianos, de Boyd Schidt y OTHR a Vulkanski, Yanamaste o Frequency Shifter. El sistema Funktion-One —cuatro puntos en la pista grande, compactos F1 en los laterales y una segunda planta también afinada en F1— sostiene esa arquitectura de sonido. El club cuida además una cultura de VJ y videoarte: la imagen en movimiento no es decorado, es parte de la noche.
Archivo, cuerpo y escena queer
KHIDI no se agota en el fin de semana. En 2018 abrió un espacio expositivo de unos 600 m² con una muestra de Sven Marquardt, con respaldo de la embajada alemana y el Goethe-Institut. Hay danza contemporánea, talleres y residencias. Las series Kiki y LEASH sostienen una programación queer explícita. Las normas de casa lo dejan por escrito: espacio seguro, cacheo en la entrada, prohibido entrar líquidos, prohibidas las fotos en pista y vestimenta libre salvo trajes y uniformes. El sello discográfico, activo desde 2020, y el podcast ininterrumpido desde 2017 extienden el archivo más allá de las puertas.
Todavía bajo el puente
Boiler Room grabó en el local en 2019 y regresó en 2022. En 2026 el club cumple una década y sigue abriendo viernes y sábados, con registro previo. La pista no se ha reconvertido en marca itinerante: sigue bajo el mismo puente, con el mismo nombre.