Una caja acústica pegada a la Rambla
El neón de Marula Café cuelga sobre un bajo del Carrer dels Escudellers, a un paso de la Plaza Real, pero el local no es un bar más del Gótico: es una caja dentro de otra caja. Cuando el club abrió en julio de 2009, el arquitecto Modesto Baquedano resolvió el ruido de un edificio de viviendas con dos estructuras independientes y paneles de vidrio reciclado de la Terminal 1 del aeropuerto. La pista podía entonces llenarse de funk hasta las seis de la mañana sin romper el pacto con el vecindario.
Esa sede barcelonesa nació de un salto desde Madrid. El programador Antonio Requena, socio y DJ, contó que la decisión se tomó una noche de fiesta en el mismo solar. El nombre evoca el marula, el fruto africano. Desde entonces el recinto se reivindica como espacio del groove: una sola sala, escenario pegado al público, barra al fondo y ninguna mesa para sentarse.
Vinilo, raíces negras y una pista que manda
La identidad musical es deliberadamente estrecha y por eso resulta reconocible. Soul, disco, jazz, afrobeat, boogaloo, ska, cumbia y latin entran si sirven para bailar. Requena lo formuló como filosofía de club: sonidos de raíces afroamericanas y baile, con conciertos que pueden desviarse un palmo —la Barcelona Gipsy Balkan Orchestra llegó a ser cita mensual— pero sin alquilar la sala a propuestas ajenas. En la cabina mandan los vinilos: tres de los cuatro socios eran DJs y el formato analógico sigue siendo seña de la casa. El ciclo #99yTú metió en ese aforo de 200 personas a Joey Negro, Amp Fiddler, Detroit Swindle y Danny Krivit.
Jams de diario y club hasta el amanecer
El motor de la programación son las jam sessions. World Groove los miércoles, Hit Me Funk los jueves, 101 Hip Hop los martes y Afro Latin los domingos: el escenario se abre a la improvisación y la pista responde. El fin de semana el local se transforma en club de DJ, con sesiones hasta las 06:00 y taquilla en puerta. Hay guardarropa, rampa de acceso y aseo adaptado. En 2026 el club celebró su 17.º aniversario en el mismo recinto de Escudellers, todavía abierto, todavía pequeño y todavía empeñado en que la noche empiece cuando el groove se apodera de la pista.