Un palacio de pista levantado en setenta y dos días
La noche del 25 de julio de 1997, con Naomi Campbell como madrina, Marbella estrenó un recinto que su fundadora quiso como un monumento a la noche. Olivia Valère, empresaria nacida en Meknes y afincada en la Costa del Sol desde 1984, hizo construir el club que lleva su nombre en solo 72 días, sobre un solar vacío junto a la carretera de Istán, en plena Milla de Oro. Ella misma resumió la ambición del lugar con una frase que se quedó pegada a la marca: ir a Marbella y no pasar por Olivia Valere era, decía, como ir a Roma y no ver el Vaticano.
Arquitectura nazarí para el clubbing de lujo
El edificio se concibió como un palacio de inspiración árabe, con ecos de la Mezquita y la Alhambra: arcos de ladrillo, patios, vidrieras y una pista pensada para verse y ser visto. No era un contenedor anónimo, sino el escenario físico del glamour marbellí, a medio camino entre el casco urbano y Puerto Banús. Dentro convivían la pista principal, una zona VIP con vistas al baile, varias barras y un lounge más recogido. Fuera, terraza y el anexo que al verano siguiente se consolidó como Palacio de Babilonia: un patio de palacio iluminado con cientos de velas y mesa para unos 350 comensales, más tarde reconvertido en el dinner show LOV.
Jet set, cabina y noches de concepto
Durante casi tres décadas el club fue parada de la jet set internacional. En sus reservados se vieron Mariah Carey, Mick Jagger, Bruce Willis, Luis Miguel, Eva Longoria o el príncipe Alberto de Mónaco. En cabina llegaron a pinchar Prince —célebre aquí por beber Vega Sicilia con pajita— y Paris Hilton, que incluyó el recinto en su gira como DJ. En los últimos años la programación se acercó más a la electrónica de pista, con noches de concepto propio como Jungle, Cirque o Pueblo Loco, y sesiones de artistas como Peggy Gou. El código de acceso —elegante, con camisa obligatoria para los hombres y vetados el chándal, las chanclas o las gorras— formaba parte del rito tanto como la mesa VIP.
El apagón de 2026
Tras la muerte de Olivia Valère en junio de 2022, la discoteca siguió en manos de la familia, con Xavier Valere al frente, hasta el final del verano de 2025. En abril de 2026 el club apagó su nombre: el espacio de la discoteca se arrendó por diez años al grupo mexicano Mandala, que lo reabrió como Bonbonniere Marbella. La familia retuvo la propiedad del complejo y el restaurante anexo junto a la misma carretera de Istán. El templo físico sigue en pie; la marca de discoteca que lo bautizó cerró un ciclo de casi treinta años en la noche de Marbella.