El mapa de los cascos
Los auriculares brillan en verde, azul o rojo y la pista se parte en tres fiestas a la vez. En Picca Club, la silent disco —Silent Battle, en el argot del local— entrega un casco inalámbrico, tres canales y la posibilidad de hablar sin gritar. El canal rojo reproduce lo que suena con altavoces en el sótano; los otros dos corren por DJs distintos. La fórmula no nació de un capricho estético: llegó después de una denuncia vecinal, una multa y el precinto policial del equipo. Óscar Iglesias, gerente actual y presidente de la Asociación de Discotecas de Valencia, alquiló cascos, ensayó una Silence Experience y la sala se llenó. En junio de 2016 la Federación Empresarial de Hostelería de Valencia premió aquella innovación. Hoy los cascos marcan la identidad del recinto tanto como la barra.
Una boîte que sobrevivió al barrio
Ximo Lara abrió Sider en 1969, cuando la calle Tomasos era adoquín, solares y fondo de saco. Las salas de baile de entonces funcionaban de jueves a domingo, de 17:00 a 22:00, con pop, rock y el eco ye-yé de una Valencia que se modernizaba. Por aquella boîte pasaron en directo Bruno Lomas, Tony Ronald y Los Sírex; entre el público, Francis Montesinos, Nacho Duato o Fernando Tejero. Nicolás Parra llevó la gerencia desde mediados de los noventa hasta 2014. Ese año el relevo quedó en manos de Alberto Flores y del propio Iglesias. El nombre londinense Piccadilly Downtown Club cubrió una etapa larga; en septiembre de 2022 la empresa acortó la marca a Picca, con el lema «Cambiar es bueno», sin dejar la calle Tomasos de Ruzafa.
Diversidad sobre mobiliario original
La sala es hoy un espacio LGTBI, de hits, indie, pop y shows drag —Samantha Hudson, La Prohibida, Soy Una Pringada, Mario Vaquerizo—, con tres ámbitos en el mismo local: silent disco, cocktail bar y pista Picca Club. No siempre fue así. Parra recordaba que, hace un par de décadas, dos chicas en medio de la pista fueron reconvenidas por un seguridad; él cortó aquella escena. Sillones de terciopelo rojo, mosaico de cristales, mesas de época, la barra de madera y el capitoné negro siguen ahí: el club renovó el nombre y conservó el esqueleto de Sider.
Los silenciadores de la acera
En la calle, chalecos piden bajar la voz. Son los silenciadores, mediadores que el club sostiene desde hace más de diez años. En 2026 la Federación Nacional de Empresarios de Ocio y Espectáculos —España de Noche— y Pernod Ricard les otorgaron el Premio Recicla la Noche, cifrando en 1.950.000 euros la inversión de trece años en agentes cívicos, justo cuando Ruzafa estrenaba la Zona Acústicamente Saturada. El local sigue programando viernes y sábados en Tomasos: tres nombres, una misma discoteca, y una obstinación familiar por no apagar la luz.