Pared con pared con la comisaría de Centro, el número 25 de la calle de Leganitos lucía un rótulo ovalado que bastaba para orientar a media escena: Soma. El local no prometía lujo. Era un antro estrecho, de paredes negras y techo que sudaba, con una cabina minúscula donde apenas se distinguía al DJ. Entre 1995 y 2002, ese recinto del barrio de Palacio se convirtió en el principal feudo del techno madrileño.
El túnel negro de Leganitos
El proyecto, impulsado y residido por Elesbaan, ocupaba varias plantas y ambientes distintos. Arriba, la pista principal —un túnel oscuro de condensación humana— giraba alrededor del techno más crudo de la época. Abajo, el sótano o las catacumbas bajaba revoluciones: sofás, un ambiente más relajado y una sesión dinámica, bailable y lejos del golpe de la sala de arriba. En otra pista no era raro escuchar rap u otros sonidos underground a primera hora. El espacio reducido hacía que una noche con invitado conocido, en pleno verano, rozara el colapso: al propio DJ Rush le sentó mal tanta humedad y tanto cuerpo apretado.
De Detroit a Madrid, vinilo a vinilo
La agenda viajó de Detroit a Berlín pasando por Birmingham o Chicago. Por aquella cabina pasaron Jeff Mills, Richie Hawtin, Claude Young, Robert Hood, Surgeon, Kenny Larkin, Rolando, Dave Clarke, Juan Atkins, Derrick May, Ben Sims, Cristian Vogel, Regis o Boris Divider, y nombres de la escena española como Oscar Mulero, Cristian Varela o Pelacha. Junto a Elesbaan, Xpansul, HD Substance y Silvania DJs marcaron el pulso residente. Soma no era el club más cómodo de Madrid; era el que apostó, con menos concesiones, por la vanguardia techno cuando la noche de la capital todavía discutía quién era fiestero y quién bakala.
El cierre del 25 y la marca que siguió viajando
En julio de 2002 el club de Leganitos cerró sus puertas. Queda documentada una reentrada 2003/04 en la misma dirección, con Mainroom y sala V20, viernes y sábados a partir de las 00:30. Después el inmueble dejó de ser ese templo vertical. El nombre Soma Experimental Club sobrevivió como sesión itinerante —aniversarios en La Riviera, noches en LAB theClub, Specka o BASSMNT—, pero el local físico de Leganitos 25 ya no abre como discoteca. Lo que permanece es el recuerdo de un sótano junto a la policía donde el techno madrileño encontró su forma más cruda.