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Detroit Club

España, Barcelona, Hospitalet de Llobregat
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James Ruskin abre un almacén que ya había sonado

El 14 de febrero de 2026 James Ruskin encabezó la primera noche firmada como Detroit Club, con Cecilia Tosh y Aaron Bleek. El archivo del propio recinto marca esa fecha como inauguración. No era un solar vacío: el mismo almacén de Passatge Can Polític, en Hospitalet de Llobregat, llevaba años funcionando como club, pegado a la zona industrial y al metro, lejos del circuito de copas del centro de Barcelona.

The Garage, la vida anterior de la sala

Desde 2019 el local operó como The Garage Club, pista del proyecto The Bass Valley, una escuela de producción y DJ que instaló la sala en la planta baja del edificio. Pioneer Pro Audio documentó allí un sistema XY pensado para club y directo. Al describir la reforma posterior, Voice-Acoustic sitúa en esa continuidad a Dave Clarke, Misstress Barbara, Ben Klock, Oscar Mulero, Ben Sims, Surgeon y Regis. El recinto nació como caja de sonido: una nave reconvertida, oscura, de una sola pista, diseñada para presión y no para decorado.

Seis Ikarray y un cuerpo a cuerpo con el bajo

En 2025 el espacio reabrió reformado. Francesc Güell (VTècnics en Ruta) y Javi Limones (BOLO PRO AUDIO) montaron un sistema Voice-Acoustic: seis Ikarray-8, cuatro Paveosub-218 y un Score-8, con etapas VADAS. El club lo resume en una frase que repite como lema: el sonido más potente de Cataluña; lo escuchas y lo sientes. La sala sigue siendo única. Hay cabina acristalada, barra lateral, columnas de hierro, muro de bloque y un techo de focos, ventiladores y LED. El techno entra de frente: no hay laberinto de estancias ni terraza de relumbrón.

Techno crudo a un paso del Carrilet

La programación actual se concentra en techno industrial, hard techno, drum and bass y hardcore. Conviven noches del propio club con colectivas que alquilan el recinto. Las puertas suelen abrirse a las 23:59 y el cierre habitual cae a las 06:00. El acceso más lógico es el metro L1, entre Bellvitge Rambla Marina y Avenida Carrilet, más el nitbus en la plaza de Amalvígia. Detroit Club se entiende hoy como un santuario underground inspirado en las raíces industriales de la ciudad que le da nombre: pista, sonido y poco más.