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Highouse

Colombia, Bogotá D.C., Bogotá
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La fachada negra de la Calle 75A

Una palmera y un muro oscuro, con bloques de vidrio junto a la puerta, bastan para señalar Highouse en San Felipe. La casa está metida en la trama residencial de Bogotá, sobre la Calle 75A con Carrera 20C, en la localidad de Barrios Unidos. No funciona como una discoteca de una sola pista: se presenta como casa cultural, con la pretensión de que toda la vivienda sea galería. De día se cruza un taller, una barra y una exposición; de noche, si hay boletería, esas zonas comunes se cierran al socio y se entregan a la fiesta.

Vinilos, cabina y electrónica de salón

La electrónica aquí no es un telón de fondo. Hay tienda de vinilos y sintetizadores, clases de DJ y espacios para ensayar. Las noches de house y de club, con invitados de otras ciudades colombianas, han alargado el pulso hasta las cinco de la madrugada. En paralelo, el recinto firma las HiGHSESSION, mezclas propias con exponentes del techno y el hardgroove de la capital. El público es el de un barrio de talleres y galerías: menos puerta corporativa y más cultura de club de escala humana, más salón convertido en pista que recinto industrial.

Gastrobar, pantalla y vida de casa

El horario oficial abre a las 10:00 de lunes a sábado. Hasta el miércoles el cierre es a las 22:00; de jueves a sábado la casa sigue hasta las 05:00. Opera como gastrobar —cócteles de autor, carta y barra— y como bar deportivo con pantalla gigante para partidos. Hay barbería y asesoría de imagen, una membresía para el uso cotidiano y una política explícita de mascotas sociables con correa. Cuando hay evento de pago, el acceso diario cede el paso a la programación.

El Grand Atelier, entre la obra y la pista

Bajo el sello El Grand Atelier, Highouse anuncia un capítulo de construcción y ampliación. El local, sin embargo, ya está en marcha dentro del Distrito Creativo de San Felipe: casa de eventos, galería y noches de club en el mismo recinto. Sigue abierto, con un uso mixto que lo aleja de la discoteca hermética y lo acerca a una casa de barrio que, cuando toca, se convierte en pista.