La persiana negra y el conejo verde
En una travesía peatonal del Ensanche vigués, una franja de sillería se pinta de negro mate, baja la persiana metálica y deja dos placas a la vista: el nombre Mood Music Club en letras blancas de trazo sucio y un conejo verde de boca abierta, con las X rojas en los ojos. No hay neón de avenida ni marquesina de macrodiscoteca. El umbral es de club de centro: pequeño, cerrado sobre sí mismo, pensado para quien ya sabe a qué viene.
Una caja íntima para techno sin filtro
La sala se ha hecho un hueco en la noche olívica precisamente por lo que no promete. No es un recinto de polígono ni una marca que salta de local en local: es un bajo íntimo, de atmósfera industrial, donde el techno —acid, hardtechno, schranz— se escucha de cerca y la pista no se diluye. Promotoras de la ciudad lo describen como espacio underground, de sonido cuidado y trato de club, y lo eligen cuando quieren una sesión toda la noche sin perder el cuerpo a cuerpo de la pista. Los carteles hablan de energía cruda, de calentamiento local y de BPM que suben sin concesiones. Quien entra, entra a bailar.
La misma caja, otra piel
Antes de firmar Mood, el bajo de la Travesía Santiago de Vigo, 4 funcionó como Hache Music Club. En 2023 todavía programaba conciertos en esa misma esquina del Ensanche: Paula Mattheus pasó por la sala en octubre, en gira. La calle es corta y peatonal; a pocos portales, Molotov ocupa el número 1. Cambia el nombre comercial; permanece una caja a pie de calle entre Urzáiz y García Barbón, lejos de la lógica del club de extrarradio. Algunas noches de hard techno se anuncian también como Hyper Club en esa misma dirección: misma puerta, otro letrero de cartel.
Centro, fin de semana y persiana abajo
Hoy Mood opera como club de viernes, sábados y fechas especiales. Las sesiones suelen arrancar hacia las 23:00 y se alargan según el lineup, con entradas +18 y taquilla que se mueve por tramos. En 2026 la pista acoge aniversarios de crews locales como Club 124, citas de Energía Pura con nombres de la escena viguesa y portuguesa, y noches de acid y schranz. No hay terraza, ni VIP publicado, ni recinto multisala: hay una fachada negra, un conejo en aspa y una pista chica en el centro de Vigo. Quien busca un after de diseño está en otra calle. Quien busca el golpe de cerca, acaba delante de esa persiana.