El híbrido de la calle de los Trujillos
A un paso de Callao, una puerta discreta en el número 7 de la calle de los Trujillos concentra dos noches en un solo recinto: pista de electrónica y laberinto de cruising. STRONG The Club no es una marca itinerante ni una fiesta con sede prestada; es el local físico, solo para hombres, al que la escena gay madrileña sigue yendo a bailar y a desaparecer bajo el mismo techo. El horario habitual va de miércoles a domingo, de 23:00 a 06:00, entre Callao, Ópera y Sol.
Laberinto, LED y cuarto oscuro
El interior se entiende mejor como un recorrido que como una sala única. El club articula cuatro zonas conectadas: pista de baile con escenario, una barra principal envuelta por una pantalla LED curva del frontal al techo, otra barra en U con vista a la cabina y un área más recogida. Completan el mapa las cabinas privadas, las taquillas y un cuarto oscuro que forma parte de la memoria del local. El ritual es físico: se entra, se deja la ropa de calle y el cuerpo toma el control. Es un espacio de cuero, rubber y arneses tanto como de house melódico y techno.
La electrónica que habita estas paredes
La programación propia se mueve entre indie dance, house melódico y techno, progressive house, nu disco y dance club. En esa cabina han sido habituales nombres de la casa como Carranco, José Lagares, Muñumer, The Kinky Team, Neixom, 2QIMIC o Fran Lamadrid. Fiestas con identidad propia —Odarko, Into The Tank, el festival SleazyMadrid— se celebran dentro de estas paredes; no sustituyen al club, lo ocupan. El recinto permanece cuando cambia el cartel.
Nueva dirección sobre un suelo de los noventa
El Strong de Trujillos viene de principios de los años noventa, cuando el local —conocido también como Strong Center— ya era referencia de baile y cruising en Madrid. Tras una reforma y un cambio de gestión a partir de 2021 y 2022, reapareció con más peso audiovisual, pantallas LED y una agenda electrónica más definida, sin abandonar el código men only ni el cruce entre fetichismo y pista. En el centro de la ciudad sigue siendo un club con dirección propia: no un after prestado, sino un recinto que se reconoce al cruzar la puerta.