De Titanic a la K de Atocha
Antes de firmarse como Teatro Kapital, el coloso de Atocha 125 operaba como Titanic. El inmueble, levantado en 1919, había sido teatro y después el Cine San Carlos, el más grande de Madrid, con sesiones incluso en la azotea. En 1994, los hermanos Luis Miguel y José Román López contrataron a Fernando Porcar —entonces al frente de Pachá— y al relaciones públicas Richy Castellanos para inaugurar un club que se leía como sala de espectáculos: varias alturas, palcos y una pista central pensada para el show. El cambio de nombre no fue un gesto cosmético: el local dejó atrás la macronoche juvenil de los ochenta y se reconvirtió en un teatro de ocio con vocación de permanencia familiar.
Siete plantas y tres pistas
Kapital funciona como un edificio que se recorre. La main room de planta baja concentra la electrónica comercial, el DJ, las performances y el escenario; encima se abren reservados, karaoke, una pista de estilos mixtos, el salón de cócteles y la planta de reguetón. El director David de las Heras lo resume con claridad: siete plantas y tres pistas de baile para públicos distintos. Lo distintivo no es una cabina underground, sino la lógica de teatro: callejear, subir, perderse y elegir ambiente sin salir del recinto. En 2019 la International Nightlife Association lo situó en The World's 100 Best Clubs, en el puesto 93. Allí han cabido tanto un set de Roger Sánchez recortado a unos 800 asistentes como noches de house, hits y fiestas temáticas que redibujan la sala cada semana.
Palcos, discreción y casa de famosos
La casa presume de que lo que ocurre dentro se queda dentro. Ha pasado por la pista Prince —con una maqueta que pincharon en primicia—, Loreen de gira, Becky G subida al escenario o presentaciones de Mala Rodríguez, Rosario y Lola Índigo. El karaoke guarda noches de Lolita, Rosario, Marta Sánchez y Cristina Tárrega. Los palcos VIP, algunos con baño privado y mayordomo, desplazan el centro de gravedad de la pista al reservado. Rafa Nadal se quedó en la puerta por ser menor; la anécdota forma parte del folklore del local tanto como los Premios Kapital, que la empresa entrega desde 2003.
La cúpula que reabrió el edificio
Tras la pandemia, el grupo no recortó: invirtió en Quintoelemento, restaurante-espectáculo en las plantas altas, con cúpula retráctil de 242 metros cuadrados de pantallas LED 4K y cocina asesorada por Juan Suárez de Lezo. Abajo sigue la discoteca, de miércoles a domingo; arriba, la azotea convierte el antiguo cine en un híbrido de cena, vídeoarte y fiesta. Es la pieza que explica el Kapital de ahora: menos masa, más palco, más producción visual y una marca que, treinta años después, sigue en manos de la misma familia.