
En Do Not Sit On The Furniture, el club de Miami Beach que Behrouz y Megan Nazari convirtieron en casa del house orgánico, Jessy Nimni sostiene el pulso de la noche de miércoles más disputada de la escena local. Como director creativo y musical de la sala y responsable del sello Do Not Sit On The Furniture Recordings, cuida una identidad profunda, hipnótica y de comunidad: una pista pensada para durar, no para el titular de una temporada.
Criado entre Israel y los Países Bajos, a los 13 años recibió su primer plato Technics y se pasó las horas pasando sesiones de vinilo a cassette. Esa obsesión se convirtió en una colección de más de 10.000 discos y en un papel temprano dentro de la escena israelí, cuando la música dance electrónica todavía se abría camino a golpe de promociones de vinilo llegadas de Europa y Estados Unidos. En Tel Aviv residió en Haoman 17, Pacha, Dome y Vox; en Europa dejó huella en Escape (Ámsterdam) y Berghain (Berlín). En cabina ha compartido mesa con Guy J, Shai T, Tim Green, Tiësto, David Guetta, Danny Tenaglia, Mark Knight, Claude Von Stroke y Blond:ish. También imprimió dirección sonora a Raspoutine Miami.
Como productor, trabaja en la frontera del organic house, el progressive house y el house melódico: groove hipnótico, tensión emocional y relatos armónicos. En 2012 publicó Give Me Love en el sello de Tiësto, un corte que el propio Tiësto llevó a Club Life. El EP Der Tag Ist Gekommen (Voyeur, 2021), con Barak Suban, alcanzó el Top 10 de Beatport y recibió apoyo de Solomun, Eelke Kleijn, Claude Von Stroke, Kiss FM y Radio FG. Presence, junto a SpringHill en Hoomidaas, y The Secret We Found (2026), con Lucas Zárate en Do Not Sit On The Furniture Recordings —ampliado con remixes de Artic White y Tamir Regev— confirman esa línea entre emoción y dancefloor. En radio sostiene Atmospheric Stories.
Asentado en Miami, comparte con Megan el relevo de Do Not Sit: mantener el alma que Behrouz dejó en la sala mientras el sello y la pista se hablan. Impulsa a DJs emergentes, imparte clases de DJ y producción electrónica en Cooper City (Florida) y sigue entendiendo la electrónica como un oficio de vinilo, comunidad y sesiones largas. Más de 25 años después de aquellos cassettes, su criterio no ha cambiado: la música tiene que mover el cuerpo y, sobre todo, dejar algo dentro cuando se apagan las luces.