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Café Mambo

Recinto

Café Mambo

Sant Antoni de Portmany, Islas Baleares, España

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Biografía de Café Mambo

El primer disco sobre las rocas

El primer vinilo que sonó sobre las rocas de Sant Antoni no fue house: en junio de 1994 Javier Anadón abrió Café Mambo con The Times They Are A-Changin', de Bob Dylan. Había comprado en marzo una finca destartalada en la costa oeste y, en dos meses, la convirtió en bar frente al mar. La primera fiesta se llenó de boca a boca. En agosto, Graeme Park fue el primer gran DJ en una cabina que, desde entonces, funciona como rito de paso de la isla.

El atardecer como pista

En el Sunset Strip, la terraza mira de frente a la bahía de Portmany. No es una discoteca a oscuras: es un bar-restaurante pegado a las rocas, con mesas al mar y una zona VIP alrededor de la cabina. El público llega de día, cena y se queda cuando el sol cae. Arriba, los estudios de Mambo Radio emiten desde la propia casa. Abre en temporada, todos los días, de 10:00 a 03:00, con sets de DJ al atardecer —oficialmente gratuitos— que convierten la puesta de sol en el primer capítulo de la noche ibicenca.

Preparty de superclubes

Cada verano la cabina calienta lo que luego ocurre en los grandes clubes de la isla. En 2009, Swedish House Mafia hizo aquí sus lunes previos a Masquerade Motel en Pacha. BBC Radio 1 retransmite desde 1997 su Weekend in Ibiza casi siempre desde Mambo: Pete Tong convenció a la emisora de llevar el roadshow a la isla. Por esa cabina íntima han pasado Carl Cox, Sasha, Fatboy Slim, David Guetta, Roger Sanchez, Judge Jules, Boy George, Fisher, Camelphat o Steve Aoki. En 2007 los DJ Awards nombraron a Mambo Best Ibiza Bar. Hoy sigue siendo preparty de noches como Glitterbox en Amnesia o las de Hï Ibiza.

La familia que no soltó el sol

El local sigue siendo un negocio familiar. Javier, llegado de Pamplona, pasó el testigo a sus hijos Christian y Alan Anadón, los Mambo Brothers, criados entre aquella cabina y los atardeceres de los noventa. Ellos dirigen el recinto y mantienen el gesto original: hospitalidad, música electrónica y un atardecer que, tres décadas después, sigue llenando las rocas de Sant Antoni.