

Recinto
Eris
Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos
Biografía de Eris
De las fiestas itinerantes a Graham Avenue
Durante años, bajo el sello Eris Revolution, el nombre recorrió Nueva York como productora de trance: noches en Santos Party House, Pacha o The Paper Box, sin local propio. En septiembre de 2018 esa trayectoria se fijó en el 167 de Graham Avenue, en Williamsburg. Jon Corbett —el DJ y productor Affection— y Galatea Stone convirtieron un inmueble que había sido teatro art déco y, más tarde, la iglesia The Love Chapel, en un recinto de ladrillo visto. Hoy lo dirige también Polina Buckley, copropietaria y directora creativa, que ha modelado paredes, luces y ambiente con oficio de escenógrafa: la sala se siente montada como un set y habitada como un backstage.
Funktion-One y la herencia de Output
El espacio suma más de 5.000 pies cuadrados en dos plantas, cada una con barra con licencia. Arriba se entra por una galería de arte rotativa hacia una pista de madera y un escenario de 23 por 15 pies con suelo elástico. El sistema principal es Funktion-One a cuatro puntos: Resolution 1.5, subgraves F215 y F218, monitores F1201 y relleno F81/F55 en galería y barra. Abajo, el Champagne Lounge de Buckley desemboca en la Techno Lounge, pensada con aire de club berlinés. Allí suena otro Funktion-One a cuatro puntos —Resolution 1.5TT, F88, BR121 e Infrabass— con altavoces salvados del mezzanine de Output. Entre ambas plantas el recinto declara 24 altavoces Funktion-One, con Pioneer CDJ-3000 y Technics SL-1200.
Comedia al anochecer, electrónica de madrugada
Eris no abre en horario comercial fijo: funciona según programación. Seis noches por semana acoge comedia del Brooklyn Comedy Collective antes de las 22:00; después, promotoras externas y el propio local llenan las pistas. Los miércoles mantiene Open Decks, sesión abierta a todos los géneros y una de las más longevas de Brooklyn. El menú musical va del trance de origen al techno analógico, el house y las bandas en directo, con burlesque y exposiciones en la misma casa. El recinto se presenta como plataforma para artistas locales, con becas de arte semestrales y un uso cotidiano que mezcla escenario, pista y galería sin pretender ser una discoteca de puerta abierta todos los días.




