

Recinto
San Carlos, Islas Baleares, España
El 4 de noviembre de 1954, festividad de San Carlos, el agricultor y carpintero Joan Marí Juan y Francisca Juan abrieron un bar de carretera con pista de baile a las puertas de Sant Carles de Peralta. En una Ibiza todavía rural, el cruce del kilómetro 12 se convirtió en el lugar donde payeses, viajeros, beatniks e hippies compartían mesa, música y una idea de libertad que el turismo de masas aún no había convertido en industria.
Las Dalias no nació como discoteca: nació como bar de pueblo, y esa hospitalidad de carretera sigue ordenando el recinto. En los sesenta y setenta el local reunió a la comunidad ibicenca y a quienes llegaban al norte de la isla en busca de margen. El 14 de febrero de 1985, Juan Fernando Marí —Juanito, hijo del fundador— y la galerista británica Helga Watson-Todd plantaron cinco puestos en el jardín. Aquel ensayo, tras un intento de sala de exposiciones, germinó en el mercadillo hippy que hoy ocupa interior y jardines, con el de los sábados como cita semanal y el Night Market de verano como versión nocturna, más relajada, de más de un centenar de puestos.
El jardín nunca dejó de ser escenario. Por él han pasado ciclos de rock, reggae, pop, músicas del mundo y electrónica orgánica. Namasté, nacida a finales de los noventa, consolidó una línea hospitalaria y ceremonial —étnica, orgánica, de comunidad— frente al circuito de macrosalas del sur. La crónica local recuerda noches de Manu Chao, Macaco, Chambao o Ki-Mani Marley, y el recinto sigue programando directos entre el mercado, la terraza y la pista. En verano, residencias como Nido o Peace N' Music articulan varios escenarios: el Night Market, el jardín y el club interior, del atardecer al amanecer.
En otoño de 2021 Las Dalias abrió Akasha, un club interior de formato íntimo —unas trescientas personas— pensado como sala de escucha antes que como macrodiscoteca. La cabina está en el centro de la pista; el sonido lo firma The Sound Ibiza (TSI), con altavoces y subgraves a medida, claros y sin distorsión. La programación —house orgánico, progressive, electrónica melódica y residencias de selectores como Sven Väth, Hernán Cattáneo, John Digweed o Igor Marijuan— suele empezar al aire libre y continuar dentro. Es una de las pocas pistas ibicencas que mantiene pulso también en invierno, con un público más local y menos dependiente del sur insular.
Sigue siendo una casa familiar, con restaurante, terraza PaloSanto, parking oficial y guardarropa entre el jardín y la sala. El Ayuntamiento de Santa Eulalia la reconoció como lugar de interés turístico municipal y el Govern balear le concedió el Premio de Turismo 2016. El norte de Ibiza tiene aquí su recinto de música más longevo: menos vallas luminosas que en Playa d'en Bossa, más continuidad entre artesanía, directo y clubbing.