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Palais de Tokyo

Recinto

Palais de Tokyo

París, Isla de Francia, Francia

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Biografía de Palais de Tokyo

El palacio que se quedó en obra

El Palais du cinéma que nunca llegó a abrirse dejó el ala oeste en carne viva: una estructura de hormigón de 1937 desnuda, a medio demoler, más parecida a una friche industrial que a un palacio de la Exposición Internacional. Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal no reconstruyeron ese esqueleto: lo habitaron. En enero de 2002 abrió el Palais de Tokyo como site de création contemporaine, sin colección permanente, con Nicolas Bourriaud y Jérôme Sans al frente. En 2012, la misma pareja —después Premio Pritzker— ocupó la totalidad del ala: 22.000 m² que convirtieron el recinto en el mayor centro de arte contemporáneo de Europa.

Un palacio que también es club

En los sótanos, donde estuvieron las salas de la Cinémathèque française, opera YOYO: un volumen de hormigón bruto, mezzanine y unos diez metros de altura, pensado para música electrónica, conciertos, desfiles y fiestas. No es una marca nómada: el club está dentro del palacio, en concesión (Paris Icons / Paris Society). En 2026 la pista se reequipó con un sistema Adamson CS-Series. En paralelo, la ovalada sala 37 —cine emparedado en la época del Musée national d'Art moderne y reabierta en 2012— funciona desde 2024 como 37dB, laboratorio de escucha, conciertos y DJ sets ligados a las temporadas. Allí han sonado piezas como Corps Perdu de Lamin Fofana, en el ciclo ECHO DELAY REVERB.

Noches largas junto al Sena

El nombre viene del antiguo quai de Tokio, hoy avenue de New York. El edificio Art déco mira al Sena y a la Torre Eiffel; el parvis, apodado le dôme por los skaters, convive con el Jardin aux Habitants, los restaurantes Monsieur Bleu y Bambini, la librería y el Lasco Project, que desde 2012 invita al street art en las entrañas del palacio. El horario cultural es anómalo a propósito: de mediodía a las 22:00, hasta medianoche los jueves, cerrado los martes. Las noches de club y las privatizaciones alargan el pulso cuando las salas de exposición ya se evacúan.

Un recinto para habitar, no solo para mirar

El Palais de Tokyo no es una discoteca clásica ni un museo de vitrinas. Es un recinto híbrido donde la arquitectura inacabada sirve igual para una carta blanca inmersiva, un set electrónico o una fiesta hasta la madrugada. Guillaume Désanges preside la institución desde 2022. El hormigón sigue a la vista. La pista, también.