Un observatorio urbano sobre el Eixample
En la octava planta, el skyline se lee como una carta náutica: prismáticos fijos apuntan a la Sagrada Família, a la Catedral y a Tibidabo mientras el Azimuth Rooftop convierte la azotea del Almanac Barcelona en un mirador de noche. El nombre no es un adorno. En navegación, el acimut es el ángulo entre un punto de referencia y un astro; aquí ese ángulo une cóctel, arquitectura y pista al aire libre, en la esquina de la Gran Via de les Corts Catalanes con Pau Claris, a un paso de Passeig de Gràcia.
House y afro-house al atardecer
El clubbing de este recinto no ocurre en un sótano industrial: ocurre arriba, con el Eixample a los pies. Las Azimuth Rooftop Sessions articulan una programación mensual al atardecer, con DJs de house cálido, afro-house y beats melódicos, cócteles de signo del zodiaco, lecturas de tarot y mesas VIP detrás de la cabina. El hotel publica un código boho chic para esas citas —siluetas fluidas y tonos tierra— y cierra esas sesiones hacia las 23:00. El Azimuth Rooftop Bar abre todos los días de 12:30 a 00:30; los fines de semana la terraza se llena de público local y de huéspedes, con DJs en directo que transforman el rooftop en pista elevada. El aforo oficial de recepción de la azotea es de 120 personas: un formato boutique, de lounge acristalado, terraza perimetral y vegetación. Una piscina de algo más de diez metros alarga la cubierta hacia un uso diurno de sol y cóctel antes de que arranque la sesión.
Dos cuerpos de edificio y una cubierta para bailar
Almanac abrió en febrero de 2018 como primer hotel de la marca, sobre la antigua sede de la Agrupació Mútua, un bloque de 1962 levantado donde estuvo el palacio Vilardaga. La reforma de OAB (Carles Ferrater) proyecta cubos de vidrio sobre esa estructura; el interiorismo de Jaime Beriestain, distinguido en 2018 con un premio Versailles al interior, trabaja mármol de Ibiza, nogal y una escalera helicoidal que atraviesa el vestíbulo. Abajo, Virens sostiene la gastronomía vegetal del inmueble, ligada a Rodrigo de la Calle. Arriba queda la sala que importa a la noche electrónica: una cubierta de hotel que ha encontrado su identidad de club en el atardecer, los prismáticos y una pista a cielo abierto, con valet para quien llega en coche.