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Gashouder

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Gashouder

Amsterdam, Holanda Septentrional, Países Bajos

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Biografía de Gashouder

El círculo de hierro que aún dirige la noche

Antes de ser pista, el Gashouder era una campana de gas de 100.000 metros cúbicos: un cilindro de ladrillo y acero remachado, alzado en 1902-1903 junto a la Westergasfabriek para alimentar de luz y calor a Ámsterdam. El complejo industrial nació en 1885 con traza de Isaac Gosschalk; el gasómetro lo montó Aug. Klönne, de Dortmund, como una de las mayores estructuras telescópicas del continente. Cuando la fábrica cerró en 1967, aquel volumen vacío quedó como un lujo acústico accidental. Décadas después, el mismo círculo sin pilares —unos 2.500 m² de planta y 14,5 metros de altura bajo la cúpula radial— se convirtió en una de las cámaras más reconocibles de la música electrónica europea.

De solar abandonado a templo del techno

A inicios de los años noventa, cuando la compañía municipal de energía abandonó el solar, artistas y promotores redescubrieron el gasómetro. El Holland Festival estrenó en 1993 la ópera Antigone de Ton de Leeuw y demostró que el edificio podía sostener una producción monumental. El 30 de marzo de 1997 nació aquí Awakenings, con Derrick May y Billy Nasty entre otros, y el recinto ganó el apodo de templo del techno. Durante casi tres décadas, las noches de ADE y conciertos de escala intermedia —de Underworld a sesiones contemporáneas de house y techno— han usado esa cúpula como escenario y como marca de lugar. El aforo, de 3.500 personas de pie, sitúa el Gashouder entre el club de centro y la arena: demasiado grande para una sala íntima, demasiado preciso para un pabellón anónimo. No es una caja negra: el hierro, el ladrillo y la planta circular obligan a cada DJ y a cada público a negociar con el edificio.

Reapertura sin romper el monumento

Tras unos dos años de obras, el Gashouder vuelve en 2026 como recinto cultural autónomo dentro del Cultuurpark Westergas. La cubierta se ha reforzado para mejorar la acústica; bajo la sala se ha excavado un sótano del tamaño del propio círculo, con acceso, taquillas, camerinos y servicios. La programación ya no se limita a la pista: directo, dance, arte y performance conviven en la misma planta, con ferias como UNFAIR, conciertos y noches de club. El edificio sigue siendo monumento nacional y sigue siendo, sobre todo, un volumen que hace circular la energía igual que un día hizo circular el gas. Cada producción tiene que habitar el círculo; el círculo, a cambio, sigue siendo la estrella de la noche.