

Recinto
A Coruna, La Coruña, España
Entre naves de reparación, marina seca y los pantalanes del Club Marítimo de Oza, el local tomó prestado el vocabulario del puerto. Pantalán Rest Club no ocupa un bajo de ensanche ni un polígono de ocio: se incrusta en la Dársena Deportiva Faro de Oza, pegado a la Playa de Oza, con los mástiles a un lado y una nave de techos altos al otro. Ese marco náutico, lejos del Orzán y de la Movida clásica coruñesa, es lo que lo hace reconocible. Se llega por el muelle, se espera el concierto con el Atlántico a pocos metros y se entra a una sala que sigue oliendo a astillero reconvertido.
En 2006 ya se presentaba como restaurante-lounge: una nave rectangular diáfana, sin tabiques, con el escenario en un extremo, sofás y mesas bajas en el centro y el comedor al fondo, presidido por una barra larga y un neón con el nombre. La cocina y la copa convivían con tríos de latin jazz. Con los años el peso se desplazó hacia el directo y el ocio nocturno: restaurante y cafetería cuando toca, sala de conciertos cuando la programación lo exige. La sociedad El Pantalan Show & Club Rest, con sede en la propia dársena, sostiene esa doble vida. En ticketeras y crónicas conviven Sala Pantalán —el nombre que usa el público de conciertos— y Pantalán Rest Club, el rótulo comercial de la fachada.
La agenda documentada no es la de un techno club de cabecera, sino la de una sala de ciudad con oído amplio. Prensa y setlists recogen desde Gatillazo, Def Con Dos, Kaotiko o Satanic Surfers hasta O'funk'illo, Rufus T. Firefly, Repion, Los Chikos del Maíz o Joe Crepúsculo. Hay noches de música urbana, sesiones de DJ grabadas en el recinto —con el letrero de El Pantalán sobre la cabina— y una línea de drag y lipsync battles, como It's Time For Drag, que ha convertido el muelle en escenario de cabaret. Fiestas privadas, graduaciones y Nochevieja conviven con esa cartelera. No pretende ser un templo de electrónica: es un rest-club que, cuando baja el servicio de mesa, deja la nave para el volumen.
El espacio físico es el relato. Una terraza con pasarela de madera y vistas a los veleros sirve de antesala; dentro, una única nave de estética industrial concentra escenario, barra y público. Hay parking en la dársena y acceso anunciado para movilidad reducida. El aforo legal no se publica con una cifra estable; las crónicas hablan de un recinto íntimo, de entradas limitadas. El calendario público es el de la programación: conciertos con apertura de puertas al anochecer, fiestas que se alargan de madrugada, restaurante cuando hay servicio. Se llega a pie desde Hospital de Oza, en la línea 2A, o desde la avenida da Pasaxe.