

Recinto
Sydney, Nueva Gales del Sur, Australia
Las velas de Jørn Utzon no nacieron como postal: son una geometría de hormigón prefabricado, cortada de una esfera y anclada en Bennelong Point —Tubowgule, tierra Gadigal— entre Sydney Cove y Farm Cove. El recinto abrió el 20 de octubre de 1973, con Isabel II en la inauguración, después de que Utzon abandonara el proyecto en 1966 y Peter Hall rematara los interiores. Más de un millón de baldosas Höganäs, blancas y crema, cubren las cubiertas. En 2007 la Unesco lo inscribió como Patrimonio Mundial. El dato útil para quien viene a escuchar música es otro: bajo esas velas hay un organismo de salas, no un único auditorio.
La Concert Hall, con hasta 2679 localidades, es la caja grande: sede de la Sydney Symphony Orchestra y, tras la reapertura de 2022, también de conciertos amplificados con sistema d&b audiotechnik KSL (arrays L/C/R, SL-Subs y ArrayProcessing). Junto a ella conviven el Joan Sutherland Theatre —Opera Theatre hasta 2012—, el Drama Theatre, el Playhouse, la Utzon Room y el Studio, flexible hasta 600 personas de pie. Fuera, el Forecourt admite hasta 6000 de pie al pie de las Escaleras Monumentales. Compañías residentes como Opera Australia, The Australian Ballet, Bangarra y Sydney Theatre Company comparten el edificio con música contemporánea. El recinto se visita a diario; las funciones alargan la noche.
En 2009, Brian Eno curó Luminous, el programa musical que abrió Vivid en la Ópera. Ese marco, hoy Vivid LIVE, convierte cada invierno austral el recinto en festival de música contemporánea. El Studio, el resto del año cabaret y charlas, se arma entonces como club: subs, humo, cabina y pistas de Mad Racket, Future Classic o DUNJ. Allí, en 2012, Future Classic presentó a Flume con Isolée y Jacques Renault; más tarde pasaron Cashmere Cat, DJ Harvey u Omar-S. En 2024, Underworld llenó la Concert Hall y el propio recinto publicó el concert film. No es una discoteca permanente: es un centro de artes que, de forma reiterada, presta su arquitectura a la cultura de pista.
El Sydney Opera House sigue siendo un local de trabajo: taquilla, foyers con vistas al puerto, restaurante Bennelong, bares en el Lower Concourse, tienda, aparcamiento subterráneo y accesos adaptados. Más de 10.000 personas recorren el recinto cada día. La programación electrónica no borra la ópera ni la orquesta; las comparte el mismo hormigón. Quien busca clubbing en Sídney encuentra aquí, sobre todo en Vivid LIVE, un escenario improbable y exacto: pistas bajo velas Patrimonio Mundial.